NO ES TU CUERPO LO QUE TE INCOMODA: ES EL IDEAL QUE LO DISTORSIONA

NO ES TU CUERPO LO QUE TE INCOMODA: ES EL IDEAL QUE LO DISTORSIONA

No nacemos odiando nuestro cuerpo; en algún momento, sin darnos cuenta, aprendimos a hacerlo.

¿Qué es la imagen corporal?

La imagen corporal es un concepto multidimensional que involucra las percepciones positivas y negativas de las personas, así como sus pensamientos, comportamientos y actitudes acerca de su cuerpo y apariencia. Todo influenciado por factores externos, es decir, no es el cuerpo en sí mismo, es cómo lo interpretamos, y desde ya hacemos un SPOILER, la mente es más crítica que el espejo.

 

¿De dónde vienen los ideales que distorsionan nuestra mirada?

La insatisfacción corporal surge cuando las valoraciones sobre el cuerpo son negativas, generando una diferencia percibida entre la imagen corporal ideal y la real. Ahora bien, esta no aparece por arte de magia de la noche a la mañana. Está influenciada por múltiples factores como la cultura, la industria de la belleza, la socialización de género, las presiones estéticas y su transmisión de generación en generación, y a su vez está relacionada con nuestra historia personal de aprendizajes, pero vamos parte por parte.

  • Familia: Muchas veces hemos escuchado a algún familiar decir “No veas la tripa que tengo, necesito ponerme a dieta ya” o a otros familiares comentar sobre nuestros cuerpos como “Estás más rellenita” o “Has cogido unos cuantos kilos” o sobre cuerpos ajenos como “Ese se nota que se toma toda la cena de golpe” o “Parece que x está más gordo/a”. En la otra cara de la moneda, responden de manera positiva cuando perdemos peso con comentarios como “Has adelgazado, qué guapo/a estás”, aunque se desconozcan los motivos que lo han provocado. Una vez más, aprendemos que el entorno “nos valora más” cuando estamos delgados/as. Esta conducta de juzgar la apariencia está completamente instaurada a nivel familiar y social, trayendo graves consecuencias en la insatisfacción corporal, especialmente en el caso de las chicas. De esta forma, estudios han demostrado que las actitudes que los padres tienen hacia sus hijos, como fomentar que realicen ejercicio para “quemar calorías” o recomendarles ponerse a dieta (conversaciones acerca de la gordura – “fat talk”), influyen en el desarrollo de la insatisfacción corporal y alteraciones de la conducta alimentaria.
  • Escuela: En la infancia y la adolescencia, la apariencia física suele convertirse en un motivo frecuente de burlas, comentarios hirientes o exclusión en actividades. Los señalamientos, los apodos, las miradas despectivas, las risas o susurros, que te pongan hasta abajo en la pirámide de gimnasia o ser el último en ser elegido en la clase de educación física, son formas de acoso escolar centrado en el cuerpo. Este tipo de experiencias llevan al aumento de la insatisfacción corporal y a la restricción alimentaria, que a su vez son factores de riesgo para el inicio de los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA). Al final, cuando asociamos nuestro cuerpo con estímulos que generan emociones desagradables (vergüenza, miedo, humillación, etc.), como los mencionados anteriormente, este termina generando por sí mismo dichas emociones u otras similares.
  • Cultura y medios: La cultura tiene una clara influencia en la insatisfacción corporal al promover y establecer estándares de belleza que genuinamente son inalcanzables. Usualmente se han asociado los cuerpos delgados a cosas positivas, belleza, disciplina, salud y éxito. Mientras que se han satanizado todos los cuerpos que no encajan en ese molde, los cuales a menudo reciben insultos o miradas que juzgan. Este ideal de belleza ha sido ampliamente difundido en los medios de comunicación y ejerce fuertes presiones especialmente en mujeres jóvenes.
  • Socialización de género: Principalmente, se presiona a las mujeres hacia la delgadez y a los hombres hacia la musculatura, generando brechas entre el cuerpo real y el cuerpo ideal. Concretamente, en el caso de las mujeres, históricamente se nos ha castigado por no llegar a esos estándares y la presión es mayor, siendo juzgadas ferozmente por nuestra apariencia, lo que se traduce en insatisfacción corporal y conductas de riesgo como ejercicio físico excesivo y dietas restrictivas. Mensajes como “las mujeres deben ser esbeltas y estilizadas”, “las mujeres deben ser delicadas”, básicamente nos han enseñado cómo “debería” ser nuestro cuerpo y que nuestro valor está ligado a nuestra apariencia física. Un ejemplo de esto es la “operación bikini” en verano, la cual promueve la idea de que el cuerpo sólo es aceptable si cumple con un ideal de delgadez o forma física específica para el verano. Este tipo de mensajes sólo intensifica la presión estética, especialmente sobre las mujeres, incitando a la competitividad y poniendo en riesgo su salud física y mental. Al cuestionar estos ideales no estamos buscando un cuerpo distinto al cual ceñirnos, es un intento de recuperar la libertad de habitar nuestro cuerpo sin juicios.
  • Redes sociales: Estas y los influencers son actualmente uno de los principales contextos en los que aprendemos y realizamos asociaciones perjudiciales como la de un aspecto concreto y una vida exitosa. Algunos estudios sugieren que el uso de las redes sociales influye directamente en la imagen corporal. Por ejemplo, se ha observado que estas plataformas intensifican la competitividad entre iguales en especial en relación con el propio cuerpo. De manera similar, se ha encontrado que el uso de redes sociales está relacionado con niveles superiores de insatisfacción corporal y con una mayor presión social en relación con la imagen corporal. Además, se ha identificado que el tiempo en internet está estrechamente relacionado con la internalización de ideales de delgadez, vigilancia corporal y el deseo de adelgazar en chicas adolescentes.
  • Historia personal de aprendizaje: Además de todo lo mencionado anteriormente como las asociaciones que hemos creado entre estímulos debido a nuestras experiencias individuales y a la cultura, las reacciones del entorno al perder o ganar, los referentes en las redes sociales y los medios de comunicación, y las “reglas” que hemos interiorizado como “si soy delgada seré más exitosa”, “si engordo, no le gustaré a nadie”, “si adelgazo seré feliz”, “si adelgazo por fin seré guapa”, moldean la forma en la que interpretamos, valoramos y sentimos nuestro cuerpo.

Como podemos observar, no son decisiones personales, son influencias aprendidas.

 

Consecuencias

Cabe resaltar que la insatisfacción corporal no es un trastorno en sí mismo, sin embargo, es un factor de riesgo para el desarrollo de los TCA o el trastorno dismórfico corporal.

Algunas de las consecuencias más habituales son:

  • Malestar emocional.
  • Deterioro de la autoestima.
  • Evitación social y aislamiento.
  • Conductas alimentarias de riesgo.
  • Ejercicio compulsivo.
  • Autoexigencia estética constante.

Herramientas para empezar a cambiar la mirada

  • Mirada funcional. Con esto nos referimos a valorar el cuerpo por lo que nos permite hacer, es decir, cambiar el foco del cuerpo como objeto a cuerpo como herramienta. Por ejemplo: En lugar de “no me gustan mis piernas” cambiar por “estoy agradecida porque mis piernas me permitieron realizar esta caminata hoy”, o “mis brazos son flácidos” por “mis brazos me permiten abrazar a mis seres queridos”.

Actividad: Pregúntate ¿qué hace mi cuerpo por mí hoy?

  • Autocompasión corporal. Hablarte como le hablarías a alguien que quieres. Reemplaza la crítica automática por un mensaje más amable.

 

  • Añadir diversidad al feed. Como hemos mencionado, las redes sociales pueden distorsionar nuestra percepción corporal. Dejar de seguir cuentas basadas en ideales irreales, filtros o comparaciones, y añadir contenidos de diversidad corporal, ayuda a hacer un “recalibre” de lo que percibimos como “normal”.
  • Pedir ayuda profesional cuando el malestar se hace grande. Si la imagen corporal condiciona y limita tu vida, buscar ayuda profesional es clave, es un signo de autocuidado.

Recuerda que puedes aprender a mirarte con los ojos que mereces, no con los que heredaste.

Artículo divulgativo elaborado por María Cristina Pájaro Martínez (Psicóloga y colaboradora en prácticas del Máster de Psicología Sanitaria en nuestro centro).

Revisado por Ana Piñar (psicóloga sanitaria y directora del centro).