CUANDO LAS EMOCIONES SE DESBORDAN: ENTENDER LA REGULACIÓN EMOCIONAL INFANTIL (parte I)

CUANDO LAS EMOCIONES SE DESBORDAN: ENTENDER LA REGULACIÓN EMOCIONAL INFANTIL (parte I)

Detrás de cada desbordamiento emocional hay un/a niño/a intentando hacerlo lo mejor que puede con las herramientas que tiene.

¿Qué es una emoción?

Antes de empezar a hablar de regulación emocional es fundamental comprender qué es una emoción, puesto que no podemos gestionar eficazmente aquello que no conocemos.

Una emoción es una respuesta del organismo a eventos externos (ruido fuerte, mirada de desaprobación, discusiones…) o internos (pensamientos, recuerdos, preocupaciones…) que nos prepara para actuar, y su intensidad está directamente vinculada a la información recibida. Esta incluye cambios en el cuerpo, pensamientos y conductas, y nos ayuda a identificar lo que necesitamos en cada situación. Además, es importante recalcar que no hay emociones buenas ni malas, todas cumplen una función.

¿Qué es la regulación emocional?

Es la capacidad de manejar, controlar y adaptar nuestras emociones de manera consciente y efectiva. Involucra el proceso por el cual se puede influir en la intensidad, duración y expresión de las emociones para adaptarnos a diferentes situaciones y alcanzar un equilibrio emocional.

La regulación emocional NO IMPLICA negar o reprimir emociones, lo que busca es entenderlas, aceptarlas y gestionarlas de manera adaptativa. Esto engloba la capacidad de reconocer las propias emociones, comprender sus causas y elegir respuestas emocionales que sean constructivas y apropiadas. Sin duda alguna es un componente fundamental de la inteligencia emocional, con gran valor en el desarrollo emocional y psicológico de las personas.

Regulación emocional en la infancia

La infancia es una etapa primordial en la formación del desarrollo emocional. Durante este periodo, los más peques se introducen en una multitud de experiencias emocionales que juegan un rol clave en la construcción de su inteligencia emocional.

La regulación emocional durante esta etapa va más allá de sólo aprender a lidiar con emociones más agradables como la alegría, sino de abordar también aquellas desagradables y desafiantes como la tristeza, la frustración o el enojo. Esto, además de ser fundamental para el bienestar emocional individual, también es el cimiento para el desarrollo posterior de relaciones interpersonales saludables y para enfrentar óptimamente los retos del entorno en el que se desenvuelve.

Entre los factores que influyen en la regulación emocional en esta etapa del ciclo vital encontramos:

  • Entorno familiar y relaciones afectivas. Un ambiente seguro, afectuoso y receptivo proporciona la base para que los niños desarrollen habilidades emocionales saludables.
  • Modelado de conducta. Los menores aprenden observando el comportamiento de los adultos y otros modelos de conducta, por lo que el modelado de conducta positiva en la expresión y manejo de las emociones ayuda al desarrollo de habilidades de regulación emocional.
  • Interacciones sociales. Las interacciones con adultos y pares son fundamentales para el desarrollo de habilidades sociales y emocionales, entre ellas la capacidad de entender las emociones de los demás y regular las propias en contextos sociales.
  • Desarrollo cognitivo. A medida que se van desarrollando habilidades como el razonamiento y la resolución de problemas, los niños pueden llevar a cabo estrategias más efectivas de manejo emocional.
  • Cultura y contexto social. Las expectativas culturales también pueden moldear las estrategias de regulación emocional.

Señales de que un niño tiene problemas para regularse emocionalmente

Algunas señales frecuentes son las respuestas exageradas ante pequeñas frustraciones, irritabilidad constante, cambios bruscos de humor, dificultad para volver a la calma después de una rabieta, problemas en la interacción social (retraimiento o conductas agresivas), entre otros.

Errores frecuentes que empeoran la desregulación

Aunque muchas veces los adultos tenemos la intención de ayudar, hay ciertas respuestas que, en lugar de contribuir a la vuelta a la calma, sin querer, intensifican la desregulación emocional del niño. Entre los errores más comunes podemos encontrar:

  • Invalidar o minimizar la emoción. Frases como “no llores” o “tampoco es para tanto”, aumentan la sensación de incomprensión y pueden intensificar la conducta.
  • Intentar razonar. Cuando el niño está muy activado, como en medio de una rabieta, la amígdala (parte del sistema límbico – “cerebro emocional”) toma el control, activando una respuesta de “lucha o huida” y bloqueando temporalmente la corteza prefrontal (“cerebro racional” o “director de la orquesta” del cerebro). Entre las funciones de la corteza prefrontal encontramos la toma de decisiones, la regulación y el control de impulsos, el análisis de consecuencias y la atención. Por ello, razonar, preguntar o distraer, las cuales son acciones que requieren de la corteza prefrontal, que como mencionamos está muy limitada en estos momentos, no funciona.
  • Sobreproteger o evitar situaciones difíciles. Evitar lo que genera malestar puede generar alivio a corto plazo, sin embargo, a largo plazo la dificultad va a seguir presente, por lo que es mejor desde que son pequeños ayudarles a adquirir habilidades de regulación emocional.
  • Responder con gritos, amenazas o castigos. Con esto simplemente estamos agregando más intensidad a un sistema que ya está activado, lo cual es contraproducente.
  • Resolver el problema por el niño. Esto obstaculiza que sea él quien desarrolle sus propias herramientas, mermamos su autonomía y reforzamos la dependencia emocional.

En la segunda parte de este artículo abordaremos que estrategias podemos usar para trabajar esta regulación emocional. No te lo pierdas!!

Artículo divulgativo elaborado por María Cristina Pájaro Martínez (Psicóloga y colaboradora en prácticas del Máster de Psicología Sanitaria en nuestro centro).

Revisado por Ana Piñar (psicóloga sanitaria y directora del centro).