02 Feb ALLÍ DONDE LOS NIÑOS HABLAN SIN PALABRAS: EL PODER DEL JUEGO
Cuando un niño juega, no solo se entretiene: está hablando. Cada disfraz, cada construcción, y cada muñeco convertido en héroe es una forma de expresar emociones, comprender el mundo que le rodea, ensayar roles sociales y construir su identidad.
El juego
El juego ha sido considerado por diversas teorías del desarrollo como una actividad fundamental en los primeros años de vida. Lejos de ser una simple forma de entretenimiento para esta población, el juego constituye una herramienta natural y estructurante del desarrollo cognitivo, emocional y social de los niños. Este posibilita a los niños la oportunidad de resolver problemas, estimular la imaginación y perfeccionar habilidades sociales. Además, fomenta la creatividad y el pensamiento crítico.
De igual forma el juego cobra vital importancia en la promoción del aprendizaje activo y significativo del menor, puesto que el juego les permite manipular objetos, plantear hipótesis y poner a prueba sus ideas, de tal manera que el aprendizaje obtiene un significado individual para cada niño, lo que lo convierte en un elemento que perdura en su desarrollo.
El juego y el lenguaje en los niños
El juego en la infancia se constituye como un medio natural de comunicación. Los niños logran expresarse de forma más global y directa mediante el juego espontáneo y comenzado por ellos mismos que de manera verbal, puesto que se sienten más cómodos jugando. Además, el juego cumple una función expresiva y emocional, puesto que permite a los niños externalizar sus sentimientos y vivencias de forma simbólica. Esta capacidad de expresión sin el uso de palabras exclusivamente, hace que el juego tome un papel fundamental como canal comunicativo, especialmente cuando el lenguaje oral aún no está completamente desarrollado.
Tipos de juego y su impacto en el desarrollo infantil
Como hemos mencionado, el juego tiene grandes repercusiones en el desarrollo de los niños, sin embargo, a continuación exploraremos con mayor detalle los beneficios de los diferentes tipos de juego en diversas áreas de desarrollo:
Desarrollo cognitivo: El juego da a los niños la oportunidad de estimular funciones superiores tales como la atención, la memoria, la planificación o la solución de problemas. Un ejemplo de juegos beneficiosos a nivel cognitivo son los juegos de clasificación por colores y formas, juegos de mesa de memoria adaptados a la edad, juegos de construcción con bloques en los que hay que planificar estructuras, entre otros.
Desarrollo del lenguaje: El juego permite la creación de entornos naturales de comunicación, esenciales para el desarrollo del lenguaje oral y comprensivo. Los juegos simbólicos, el juego dramático y los juegos de palabras son de gran utilidad en la expansión del vocabulario, la mejora de la pronunciación y la pragmática. Concretamente, el juego simbólico con muñecos, títeres o cocinitas pueden ser de especial utilidad en la práctica de roles, frases completas y turnos. Además las adivinanzas y las canciones con gestos estimulan la memoria verbal, y los juegos con pictogramas son esenciales en el trabajo con niños con dificultades en el lenguaje expresivo.
Desarrollo motor: El juego motriz es fundamental para el desarrollo del equilibrio, la coordinación y la motricidad tanto fina como gruesa. Los circuitos de psicomotricidad con cojines, túneles y rampas, los juegos con pelotas, las actividades de motricidad fina como moldear plastilina son de gran utilidad.
Desarrollo socioemocional: Mediante el juego el niño puede explorar sus emociones y desarrollar habilidades sociales. Juegos que tienen un gran impacto en la autorregulación emocional y en la construcción de la identidad y el autoconcepto como los juegos de roles y dramatizaciones para representar emociones, juegos cooperativos en los que hay que esperar turnos o colaborar, actividades con tarjetas de emociones o muñecos con distintas expresiones fáciles pueden ser de gran ayuda.

El papel del adulto: ¿Qué hacer y qué no?
Los adultos tenemos cierta tendencia a guiar y dirigir el juego, muchas veces porque pensamos que sabemos más y podemos explicarles mejor cómo son las cosas. Sin embargo, con esto solo conseguimos poner una barrera entre ellos y la posibilidad de experimentar y descubrir por sí mismos. Cuando un adulto dirige demasiado, el juego deja de ser del niño para convertirse en una actividad guiada, carente de creatividad y espontaneidad. Es muy importante tener en cuenta que nuestra función como adultos es la de facilitador, no un instructor, es decir, debemos seguir el ritmo del niño, respetar su forma única de jugar y validar sus emociones mediante el juego.
Por ende, el rol de los adultos en el juego debería ser en mayor medida de observador y acompañante, limitándose a participar cuando el niño sea quien lo invite.

Jugar en la era digital
En la actualidad, con el avance de las nuevas tecnologías, las pantallas forman parte del entorno de los niños, y demonizarlas no suele ser muy útil. La clave radica en distinguir entre juego interactivo como explorar, crear o resolver problemas, y consumo pasivo, como ver vídeos sin participación. Lo primero puede transformarse en una herramienta complementaria en el desarrollo, mientras que el segundo, cuando predomina, limita la creatividad y el movimiento. Entre las posibles utilidades del juego digital podemos encontrar que algunos promueven la toma de decisiones de forma rápida y estratégica, mientras que otros como los multijugador promueven la colaboración y el trabajo en equipo.
En este caso, el objetivo no es prohibir, es buscar un balance. El juego digital ha de acompañarse de límites claros y la presencia de un adulto como guía. Sin embargo, el valor del juego libre, simbólico y motor es incalculable. Es decir, podemos promover el juego digital como una oportunidad para desarrollar conceptos y habilidades en áreas como las matemáticas, la tecnología, la ciencia, entre otras, mientras nos aseguramos de que nuestros peques disponen de oportunidades iguales para realizar actividades físicas en el exterior. Al encontrar un equilibrio, podemos permitir que los niños disfruten de la tecnología sanamente sin renunciar a formas de juego que sin duda alguna tienen un impacto relevante y positivo en su desarrollo.

Recordemos que jugar no es un extra, es la forma más natural que tienen los niños de comprenderse, expresarse y crecer. Cuando respetamos su juego, estamos respetando su infancia. Acompañemos sus mundos imaginarios con presencia y sensibilidad, es en esos universos que crean, donde verdaderamente se construye su desarrollo.
Artículo divulgativo elaborado por María Cristina Pájaro Martínez (Psicóloga y colaboradora en prácticas del Máster de Psicología Sanitaria en nuestro centro).
Revisado por Ana Piñar (psicóloga sanitaria y directora del centro).